Esos somos nosotros, ¿por qué? ¿Acaso llevamos el pelo verde? ¡No!
¿Tenemos ojos en la frente? Tampoco
¿Seis piernas?, ¿Comemos renacuajos?
¡Que no, que no! Que es mucho peor, ¡Nos gustan las motos!
¡Ahh! bueno, que es eso.
–
"No te preocupes Mari Conchi, son cosas de la edad. A mi Luisito
también le gustaban y ahora fíjate, está acabando la carrera y ahorra
para un Golf GTI."
– "Uff, no sabes como me tranquilizas. Espero que
se le pase pronto. Imagínate. El otro día le dijo a su padre que este
verano, en vez de venirse a Fuengirola, se quiere marchar en "amoto" a
una "fray-güels". Que yo no sé qué es, pero seguro que lo mejor que
puede coger allí, es una enfermedad."
Pero ¿y si no se nos ha
pasado? ¿y si después de dejar la edad del pavo insistimos? ¿Y si nos
negamos a vender la moto para comprar un cuatro latas, aunque aquí
llueva casi siempre? Pues nada, resignación y oídos sordos. Porque al
fin y al cabo, lo de las "viejas" no es lo peor. Después de todo, no han
visto más gente en moto que a los malos de las películas.
Más cabrea
lo del curro. Llegas después de un fin de semana normal, (una resaca
del tamaño de la Meca, el culo "pelao" de hacer kilómetros, y algún
restillo de grasa en las uñas), ¿y qué te encuentras? Quince
encorbatados enfrascados en la conversación más interesante del mundo:
– "Ese Michel no vale un duro, y además el arbitro estaba comprado"
– "Pues lo del Depor es peor…"
Menos mal que después del café, el tema cambia y empiezan a hablar de lo que han hecho el fin de semana:
– "Pues yo vi el partido en el bar del Frasco"
– "Pues yo en el Boquerón de Plata y después, a casa de mi cuñado a cenar"
– "Tu si que sabes vivir".
Insoportable… ¡¡Cualquier día de estos me encuentran en el servicio estrangulado con papel higiénico!!
Por
lo menos hay alguno que de vez en cuando me escucha. Y ¡pobre de mi!,
porque se me ocurre comentarle que durante el week-end me he pegado
1.800 kilómetros para ir a una concentración…
– "Mira chaval, eso, o
es mentira, o es que estas más pirao de lo que parece. Desde luego,
pocas cosas pasan. Luego dices que te has quedado sin pelas el día 15,
no me extraña. Con lo que llevas gastado en la moto ya podías haber
comprado un sofá nuevo para tu casa, que tienes menos muebles que la
choza de Tarzán. ¿Y allí que hacéis? emborracharos y hacer caballitos,
¿verdad?"
Y luego viene tu vecino y tu tío y el párroco del barrio.
Y
yo me pregunto: ¿de verdad somos tan raros? pues no lo sé. Además,
¿quién quiere ser como ellos? De todas formas, me siento mucho mejor
cuando salgo a la carretera y me cruzo con otro marciano, cuando llego a
una concentración y me siento a hablar con alguien que hace cinco
minutos no conocía de nada y después de haber repostado juntos nos hemos
hecho compadres, simplemente por haber compartido unos cuantos
kilómetros. Me siento mucho mejor cuando abro mi revista y leo una carta
de un argentino que tiene el mismo problema que yo con el kit de
potenciación, o veo la maquina de un belga al que también se le ha
ocurrido poner un sisi bar con forma de hacha.
No podemos ser tan
raros, somos demasiados. Y si lo somos, mejor. A ver si es verdad que
nos juntamos tantos que esto parezca Marte. A ver si conseguimos
hacerles ver que cuando dicen "Mira, ahí va ese, el de las motos" sólo
consiguen que nos sintamos orgullosos. Me da igual que nos consideren
una secta, o una tribu urbana o un grupo de gamberros motorizados e
inmaduros. Probablemente a ellos los coman los gusanos antes de saber lo
que se siente recorriendo el mundo a lomos de un sueño.
La esquina del viento por Mateo (Bikerzone)